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Tomar decisiones significa crear valor

Vivimos en un mundo que se agita y se mueve a la velocidad de la luz. Lo que ayer servía puede en unas horas dejar de hacerlo y el cambio cobra vida con rapidez. Todo ello en un entorno lleno de estímulos que tiene a la “parálisis por análisis” como uno de sus invitados preferidos.

En los últimos años, el caudal de información ha vertido océanos de tinta en todos los soportes. Encontrar filtros capaces de separar el trigo de la paja se ha convertido en sí mismo en un modelo de negocio. Cada nuevo desafío resuelto incluye en sí mismo otra nueva problemática a la que hacer frente.

Detrás de cada muestra de valor hay siempre una decisión. Un instante de compromiso con una idea o forma de hacer las cosas. Un momento valiente en el que recoger el guante que la complejidad del entorno nos lanza, ahora más rápido que nunca. Tan lleno de facilidades como de distracciones en la búsqueda de una solución.

Cualquier modelo de éxito construido en la actualidad está edificado sobre cimientos llenos de decisiones. Siempre sólidas, porque es el mejor sustento para unos cimientos. Siempre definidas y plenas de descartes, porque el mejor cemento no se obtiene de una mezcla indeterminada.

Como comentábamos al inicio, la parálisis por análisis es una de las amenazas en cualquiera de nuestros proyectos. No se trata del único. Para vencerla y llevar a buen puerto cualquiera de las ideas que queramos hacer zarpar está la toma de decisiones. Un constante ajuste de velas, compromiso y acciones dirigidas y capaces de hacer posible un rumbo y un destino.

#Letitflow