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¿Tienes una empresa o trabajas en ella? Eres embajador de su marca

La publicidad tiene mala fama por diversas razones. Se la acusa de ser un instrumento de engaño, y de hacernos creer que un producto o servicio es mejor de lo que en realidad es.

Algunas patatas y galletas parecen en la televisión mucho más grandes de las que incluyen en realidad sus envases. Las grandes ventajas de una marca de telefonía se gritan, mientras la letra pequeña susurra sorpresas con las que luego no nos gustará encontrarnos.

Este tema puede dar para muchos posts. Hoy compartimos con vosotros un aspecto básico para comprender la importancia de ser coherentes con lo que nuestra marca promete, y cumplirlo.

“NO CUMPLIR NUESTRA PROMESA DE MARCA ES LO MISMO QUE NO DECIR LA VERDAD” 

Los casos anteriormente citados resultan muy obvios, y una marca puede ser muy penalizada por ello. Sin embargo, hay un aspecto más sutil que no debemos olvidar nunca: Los trabajadores o dueños de una empresa son la prueba viviente de lo que una marca es en realidad.

En el nuevo paradigma, las “idea-virus” como las define Seth Godin se propagan a la velocidad de las redes sociales. La metedura de pata del Community Manager de la Fnac hablando sobre el debate entre Pablo Iglesias y Albert Ribera es un claro ejemplo de ello. Del mismo modo, si alguien de una marca ha tenido un comportamiento inadecuado contigo, te será difícil perdonarla. Más aún si está en las antípodas de su promesa.

“LAS RELACIONES CON UNA MARCA QUE MÁS NOS AFECTAN TIENEN QUE VER CON LAS EMOCIONES Y LAS EXPECTATIVAS”

En Events Flow insistimos a nuestros clientes en la importancia de que mantengan una relación correcta con proveedores, usuarios y cualquier otro agente con el que necesiten interactuar. No tiene ningún sentido ofrecer una imagen de cercanía para los clientes del producto y al mismo tiempo apretar lo máximo posible las tuercas a los proveedores. Entre otras cosas, porque ese proveedor es un futuro cliente, evangelizador o “hater” de nuestro producto o servicio.

La cuestión tiene que ver también con lo moral. Resulta dolorosamente contradictorio trabajar para una marca cuya imagen proyecta transparencia, por ejemplo, y luego mantener una relación opaca con proveedores y otros colaboradores. Hacerlo nos dará la impresión de que estaríamos mejor en una empresa coherente en cuyos valores creyésemos.

Tanto si estáis creando una marca y diseñando su identidad y ADN, como si contáis con una que queréis reposicionar, nunca olvidéis que sois los primeros embajadores de vuestra marca. Que no os es ajena. Y que es vuestra responsabilidad (o la de vuestra empresa) estar alineados con sus valores. En otro caso, vuestra publicidad o la de vuestra marca podrá ser considerada engañosa.

 

 

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