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Rituales: La celebración de una historia compartida

Muy poco tiempo antes o después de tropezar con su primera piedra, el ser humano creó el ritual. Para protegerse de las amenazas, para celebrar un botín de caza o para pedirle al cielo que lloviese o dejase de hacerlo. Los ritos son tan inherentes al ser humano como su deseo de controlar el entorno en el que habita. O como la búsqueda del sentido de su existencia.

Como vimos en anteriores posts, las marcas y las personas creamos narrativas de manera constante. Emitimos y recibimos la información a través de historias, y no de bullets, mientras conectamos con las emociones que el relato nos evoca. Cuando estas historias adquieren un carácter mítico, son rápidamente integradas en un hábito que cuenta con sus propios protagonistas y normas. El periodo navideño en el que nos encontramos en un claro ejemplo de ello.

La navidad es uno de los mayores periodos de consumo porque está plagada de micro rituales cargados de emociones. La compra de la lotería, que nos permite compartir sueños con familia o amigos. Papá Noel, que baja por una chimenea y deja regalos a los más pequeños en la noche más familiar del año y la Noche de Reyes: una fecha en la que todo un relato despierta las ilusiones de los niños mientras duermen, a la espera de que al día siguiente su habitación amanezca repleta de regalos.

Las emociones son siempre el motor de los actos más relevantes de consumo, y estos adquieren con los rituales un carácter normalizado que los dota de sentido. Las marcas que se apropian de rituales ofrecen seguridad y emociones a sus clientes. El gin-tonic se puso de moda en el momento en el que su preparación necesitaba de al menos cinco minutos, envuelto de aromatizaciones y sabores concretos, que debían conocerse y usarse en el orden apropiado. Nadie discute que el turrón o el mazapán deban comerse en navidades. Todo lo que se repite ofrece un marco de seguridad entre la siempre temida incertidumbre.

Existen estudios de neuromarketing que demuestran que el contacto con las grandes marcas activa en usuarios zonas del cerebro relacionadas con la seguridad. Lo mismo sucede con los rituales. En un mundo cada vez más cargado de estímulos y cambio constante, a veces nos sentimos abrumados por una cantidad de información que no cesa. Entre ese mar de opciones, el ritual siempre emerge como una isla en la que detenerse.

Crear un ritual desde tu empresa o marca va a proporcionarte grandes ventajas a nivel de branding. Por un lado, te permitirá conectar con tu propio relato, celebrando sus valores. Por otro, te permitirá ofrecer una experiencia ordenada para tus clientes, transmitible y emocionante. Todo ello mientras los atributos, consistencia y contenidos de tu empresa o marca se multiplican y se hacen más visibles. Al igual que las luces navideñas cuando se acerca diciembre.

 

 

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