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Reposicionamiento: Una segunda oportunidad para tu marca

Las marcas, como las personas, evolucionan con el tiempo. Aciertan, comenten errores. Hacen promesas que no cumplen y en algunas ocasiones son perdonadas por sus deslices. En otras, no corren tanta suerte y portan un “San Benito” difícil de quitar.

El nuevo paradigma hace cada vez sea más complicado conservar en el anonimato los errores de una marca. El consumidor es el rey, está más informado que nunca y tiene a sus alcance todos los medios necesarios para difundir un mensaje. Se siente empoderado, escuchado por su tribu y capaz de llevar a juicio cada acción equivocada de una marca. Todos los posos, negativos o positivos, quedan almacenados en alguna parte para siempre.

El tiempo y la incidencia de cada acción de una marca van configurando su posicionamiento en la mente del consumidor. Los momentos a veces pasan veloces para algunas empresas y, sin darse cuenta, han envejecido prematuramente y dejado de aportar valor. Así sucedió con Puma, Kelme y con muchas otras, no solo deportivas. Dormirse en un contexto que va rápido suele comportar despertarse en un lugar en el que las condiciones propias y externas han empezado a jugar en nuestra contra.

Entonces surgen dos alternativas: persistir en nuestras acciones y valores confiando en que el viento cambiará o redefinir quienes somos y ser consecuentes a la hora de mostrarlo. Pocas veces, tanto para personas como para marcas, se ha producido un cambio de éxito sin que ellas mismas lo hubiesen experimentado previamente. Sin que hubiesen hecho un difícil acto de reflexión y humildad y reconocido que era momento de cambiar de camino. El logro resulta aún más encomiable cuando se trata de marcas cuyo modelo fue exitoso durante décadas o personas que llegaron a altas cotas profesionales durante muchos años.

Una vez tomada la decisión de reposicionarse, toca lidiar con importantes retos. Por un lado, ganarnos de nuevo la legitimidad para ser reconocidos y escuchados. Transmitir quienes somos ahora, hasta donde queremos llegar y cuál es nuestro mapa para hacerlo posible. Por otro, ser consecuentes y proyectar todo nuestro ADN con cada nueva acción y encontrar unos códigos, tanto verbales como visuales, con los que hacerlo posible.

A partir de aquí, toca una nueva fase de esfuerzo y generación de contenidos coherentes. La persistencia para crear nuevos diálogos desde la identidad que ahora nos define, acciones que lo demuestren y  experiencias con el consumidor que lo legitimen. Las segundas oportunidades, si son bien aprovechadas, pueden llevarnos mucho más lejos del mejor lugar que conocimos. Apple, la marca más valorada del mundo, es un ejemplo brillante e inspirador que lo demuestra.

 

 

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