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Ponte en mi lugar

Durante muchos años, se nos ha pedido que segmentáramos al cliente por criterios más bien fríos: edad, perfil sociocultural, socioeconómico etc.

Además de poco divertido y creativo, está clasificación ya no tiene sentido.

Ahora se trata de separar por hábitos, creencias y tribus.

Hoy en día, tu producto puede ser buscado por un japonés de dieciocho años, un ruso de sesenta y un español de treinta y cinco. Lo que les conecta puede estar muy lejos de su edad, procedencia o perfil. Quizás se trate de la afición por las fresas con nata, las Harley Davidson o su frecuente participación en triatlones. Eso es lo que los une.

Hoy, lo importante es la capacidad de generar conversaciones entre tus potenciales clientes. Unirlos en torno a tu producto y servicio y facilitar que interactúen con él. La forma de conseguirlo tiene más que ver con la observación “in situ” y tomar como centro al usuario que con clasificaciones y estadísticas.

Somos mucho más que eso.