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La política también es branding

Los resultados del pasado domingo no fueron solo una cuestión ideológica. El branding y la estrategia de comunicación tuvieron mucho que ver en el desenlace final.

El público de Izquierda Unida no es el mismo que el de Podemos. El co-branding no funcionó. Esto es un ejemplo de la importancia de mantener tu identidad. Ahora, ambos partidos han perdido su posicionamiento, sin haber logrado un resultado positivo en votos. ¿Fue correcta la decisión? El éxito futuro de esta nueva fórmula dependerá de cómo integren ambas identidades en una nueva estrategia.

La victoria del PP demuestra que las emociones generadas en los mensajes pueden ser más potentes que los propios hechos. Al igual que la claridad y repetición. Sus votantes atendieron mucho más a esto que a las informaciones que los relacionaban con múltiples casos de corrupción. La marca Partido Popular sigue estando alineada con los valores que sus votantes esperan. Durante la campaña fueron capaces de apropiarse del concepto de estabilidad, que aumentó su valor ante la noticia del Brexit.

Los resultados del PSOE evidencian su crisis de identidad de marca. La falta de alineación entre su equipo, problemas en la proyección de la solidez interna. Resulta difícil entender cuáles son los valores actuales que promueve el partido, al encontrarse dividido entre una propuesta que sigue moviendo a votantes que se aferran a lo que en su momento fue para ellos, y por la oposición a la marca PP.

La política también es branding. Y su importancia aún mayor que en otros ámbitos. No se trata solo de propuestas (productos o servicios) aisladas. También tienen que ser coherentes con lo que se espera de ellas (promesa de marca) y con la ideología que promueven (identidad).

El resultado de los votos tiene mucho que ver con todo esto. Con el fondo y con la forma. Sucede al igual que en branding. No podemos quitar valor ni al contenido ni al continente. Y su relación siempre tiene que ser coherente.