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La autenticidad como valor de marca

En Events Flow construimos marcas, las reposicionamos o llevamos a cabo cualquier acción que proyecte sus valores. En todo este proceso, nos aseguramos de que nuestros clientes se sienten identificados con cada cambio. Esto les permite involucrarse en su propia marca, disfrutarla y obtener mejores resultados de venta.

Nos gusta trabajar desde aquí. Con clientes que sienten pasión por lo que están haciendo. Personas y equipos que se involucran en lo que llevan a cabo. Los que se esfuerzan por no pasar por alto detalles que pueden desviarles de lo que para ellos significa su marca. Preferimos trabajar con menos clientes pero hacerlo intensamente con clientes entusiastas que tienen este perfil.

Estos clientes y marcas transmiten mensajes potentes por sí mismos, y cuentan con uno de los activos más potentes que puede tener una marca: la autenticidad.

Vender actualmente no es sencillo, pero existe una fórmula infalible: autenticidad+trabajo bien hecho. Cumpliendo con esta premisa, la promesa de marca, aquello por lo que se nos juzgará, se cumple automáticamente. Una marca auténtica difícilmente incumplirá expectativas. La labor realizada siempre aporta un valor a nuestro cliente, que sabe por qué nos busca.

La autenticidad se construye desde la coherencia, pero va más allá. Las marcas y empresas genuinas pueden llegar a apostar por sí mismas cuando aún nadie confía en ellas. O incluso son rechazadas. Un acto de valentía que acaba convirtiéndose en un activo más.

Ser auténtico nos permite ser transparentes. Lanzar mensajes con la tranquilidad de saber que se corresponderán con hechos. De que no hay dobleces ni mensajes ocultos en aquello que vendemos. Tal y como hace Ikea en algunos de sus mensajes sobre el por qué de sus precios. Tal y como hace Harley prometiéndonos un rugido patentado de motor presente en todas y cada una de sus motos.

Cuando una marca es auténtica, es mucho más fácil encontrarla. Saber donde buscarla. Conocer los mensajes que la definen con mayor fidelidad. Para los evangelizadores el mensaje es mucho más fácil de transmitir. Tanto por su contenido como por los medios que elegirá para hacerlo.

Ser genuino tiene también sus desventajas, como no contentar a todos. Sentirnos responsables de nuestros mensajes y acciones, porque solo dependen de nosotros. Pero tiene, sobre todo lo demás, una gran satisfacción: saber que siempre estaremos construyendo, ladrillo a ladrillo, sobre aquello qué verdaderamente somos y en lo que creemos.

 

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