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El círculo virtuoso de crear, medir y aprender.

Todos los proyectos y empresas suelen nacer del mismo modo: empujadas por una ilusión, independizadas de una en la que se trabajaba anteriormente o como un deseo pendiente que por fin podemos abordar. Todas ellas, en mayor o menor medida, comparten el mismo handicap: solo han sido testadas sobre el papel y la imaginación.

El paso de la teoría a la realidad suele ser traumático. Sobre todo para aquel que se encuentra ante su primera experiencia emprendedora. El tiempo va pasando y las fantasías perfectas rara vez se cumplen. Desde la barrera los toros se ven de otro modo. Los problemas que otros emprendedores narraban ahora nos resultan más familiares y los clientes, que estábamos seguros que se pelearían por nuestro producto, siguen sin llegar.

La solución ante esta problemática suele ser quemar más combustible. Seguir gastando dinero en busca de la “inversión filosofal” que ponga en marcha todo el circuito. La compra de más y más recursos puede tender a infinito. Desde la contratación de nuevos empleados hasta el gasto en comunicación o infraestructura.

Hoy en día, hasta un quiosco en la Gran Vía puede cerrar. El mundo avanza tan rápido que incluso los valores más seguros pueden dejar de serlo. Toda la inversión que hemos acometido por nuestro sueño o empresa pueden no servir para nada. Y nadie nos va a devolver nuestro esfuerzo ni el dinero invertido.

Gastar o edificar con el mejor de los cementos nuestros castillos en el aire no sirve de nada si no conocemos a nuestro cliente. Un cliente cada día más infiel o evangelizador, según el valor que le ofrezcamos. Y que se ha vuelto tan exigente como agradecido con aquello que le aporta un verdadero valor.

Dar en el clavo ofreciendo al consumidor aquello que realmente quiere o necesita es el camino más seguro para sobrevivir. Aprender, la vía necesaria para poder hacerlo. La agilidad el requisito indispensable para no quedarnos atrás en este proceso, y nuestra capacidad para ponernos una y otra vez manos a la obra el catalizador indispensable.

El circuito de Crear-Medir-Aprender puede ser puesto en marcha todas las veces que queramos. Y será extremadamente valioso si lo recorremos desde el compromiso con aquello que estamos testando. Al hacerlo, puede que muchas de nuestras ideas y fantasías se vengan abajo, para lo que necesitaremos recuperarnos. A la larga, sin embargo, iremos sintiendo que nuestras decisiones pisan una tierra cada vez más firme. Incluso aunque separen las botas del camino que iniciamos con cierta inocencia.

#Enjoytheride

 

REGLAS de Luz Adriana Villa http://goo.gl/fKMJSh    Thanks for Flowing!

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