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De productos, servicios y experiencias.

Si tu producto o servicio es tan genial que soluciona un aspecto importante de la vida de las personas, la marca surgirá sola.

Si tienes una marca con un storytelling o con un contenido generado genial, que conecte en algún aspecto importante con las personas, el producto o el servicio también surgirá solo.

Si consigues hacer una de estas dos cosas, lo estarás haciendo bien.

Para el primer caso existen ejemplos con mucho impacto: Air Bnb, Bla Bla Car, Uber. Todas estas ideas, surgidas del paradigma de la economía colaborativa, daban tanto valor al usuario desde el principio que solo hacía falta un empujón económico y de branding. Más que crear unos valores de marca, se trataba de identificarlos, y de construir una imagen y unas experiencias relacionadas coherentes y consistentes con el propósito que el producto o servicio traía ya de serie.

Para el segundo escenario, existen también casos de éxito. El mundo de los perfumes y desodorantes ofrece el ejemplo de Old Spice y sus últimas campañas en Estados Unidos. Coca Cola el de las bebidas y Ralph Lauren el la moda. La calidad y utilidad del producto son cuestionables. En algunos casos incluso opuesta a los estándares de una vida sana. Pero han sido y son tantas las experiencias que estas marcas ofrecen y conectan en algún punto con el consumidor, que su éxito es incuestionable.

Lo ideal, sin duda, es crear un producto o servicio genial (innovación), que aporte valor a un grupo de personas (tribu) a través de unas acciones (experiencias) que puedan potenciarse e identificarse a través de una marca (branding).

Y que todo este proceso se lleve a cabo con honestidad.