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Actividades que aportan valor

A todos nos sucede, nos ha sucedido y nos seguirá sucediendo. A cada uno, dependiendo de su empresa o trabajo. Existen labores que en un determinado momento nos resultan más tediosas, complicadas o menos apetecibles. Y suelen ser aquellas que nos enfrentan a un desafío mayor o nuevo frente al habitual.

La situación no plantea demasiadas diferencias con ir a hacer deporte cuando no nos apetece. Sabemos que es bueno para nosotros. Nuestro estado de forma mejora al hacerlo, así como nuestras habilidades, disciplina y autoestima. Pero hasta que no empezamos a estar inmersos en la actividad, nuestra mente va colocando más y más frenos.

En nuestro camino al crecimiento profesional y/o emprendedor, son y seguirán siendo muchas las veces que una actividad suponga un esfuerzo extra. El estudio de nuevas habilidades y competencias, preparar una charla o dedicar horas y horas a la mejora de nuestro producto o servicio no siempre son la parte más divertida del trabajo. Hasta que este termina.

En este vendaval de excusas que pueden aparecer, especialmente si no nos hemos marcado un objetivo, las vías de escape se multiplican: reuniones que aparecen de la nada en las que no se avanza, inercia de acciones que no parecen ofrecer resultado alguno o travesías en el correo o las redes sociales en busca de la solución de un problema aún por definir.

La solución, tan difícil como valiosa, es hacer un ejercicio de sinceridad con nosotros mismos. Aceptar que aportar valor no significa llevar a cabo las mismas acciones o trabajos, sino ofrecer a los demás algo por lo que valga la pena dedicar dinero o tiempo. En cuanto lo hayamos asumido, las excusas que antes aparecían para posponer nuestras acciones empezarán a tornarse en razones para llevarlas a cabo. Haciendo más grande nuestro producto o servicio.

#Enjoytheride